COMPARTO "MIS RECUERDOS DEL 23 DE ENERO DE 1958.
"Mis recuerdos del 23 de enero de 1958".
Decidí desde la madrugada, escribir estos recuerdos de aquel 23 de enero, escribo en línea, desde el celular , por lo que ruego dispensen inconsistencias y gazapos.
Un día como hoy, siendo un niño de 8 años, vivía en la primera avenida, casa #4 del Centro Administrativo, al lado vivía Hernán Villalobos, Ingeniero caraqueño, casado con Doris, oriental, Hernán hermano de Hugo, Médico compañero de estudios universitarios de mi tío Julián Viso, casa que poco más tarde ocuparan Alberto Villasana, aún soltero, doña Baldomera, su madre y sus hermanas María Emperatriz, Clemencia y la bella Aurora.
Por casualidades de la vida, ese día nos visitaba, la tía, Mercedes Viso de Hartmann, madre de los Hartmann Viso, seguramente alguna sospecha tenía y no se despegaba del enorme radio de tubos catódicos que tenía mi papá. El patio frontal de la casa, como todas la de ese otrora bello urbanismo, daba a la calle, en un hermoso jardín, sembrado de grama, con un enorme árbol de chaparro, que en navidad se adornaba con bombillos de colores, flores de cayenas, buenas tardes, malabares, enaltecen la belleza del gigantesco jardín. son bardas, ni rejas. Francisco Mulero, un isleño y su cuadrilla con esmero y dedicación, cuidaban los hermosos jardines de las casa, oficinas, hotel, casa de huéspedes y parque .
Doña Mercedes, siempre muy adeca, su única hija Renée, supongo que estaría en el exilio, se entera por la radio de la caída de Pérez Jiménez, su embarque y huída en la "vaca sagrada", así le decían al viejo y modesto avión presidencial, acto seguido la tís salió al patio, brincaba, bailaba, saltaba, una alegría increíble la embargaba, manguera de agua en mano, se bañó en el patio y bañó a todos los que tuvimos a su alcance, el para entonces Coronel calaboceño, Esteban Rodriguez Landaeta "muchachote", así le decían el ejército, nuestro tío, asume el gobierno militar del Guárico, nombra somo secretario a su primo Hernán Landaeta, padre de Homero J. Flores, como secretario o tesorero, no recuerdo.
Días antes, , vi por última vez un espectáculo repetitivo en los veranos de aquellos tiempos, para mi aterrador, me horrorizaba imaginarme a mi papá reclutado por la Guardia Nacional,. Con frecuencia se presentaban incendios en los alrededores de Calabozo, para entonces ciudad sin Cuerpo de Bomberos. Pese a que el acto observado, tenga un tinte ecológico, en el fondo era triste y lamentable ver a la represiva Guardia Nacional, peinilla en mano, plan y para el camión, montando a los transeúntes en sus vehículos militares, jóvenes, adultos y hasta adultos mayores, algunos sin condiciones físicas adecuadas para apagar incendios, los dotaban de una vara que finaliza en una chapaleta de gom o lona tiesa.
Los incendios en los fuertes veranos calaboceños eran frecuentes, el chaparral , aledaño al Centro Administrativo, lug se levantó el hoy barrio Pinto Salinas era devorado todos los años por el candiloro, pocas eran casas que allí había, un de Elena, la lavandera de mi casa, mujer de un chofer de taxi de nombre Félix, que trabajaba en "Los Mereyes", final de la carrera 12, plazoleta donde hoy se rinde homenaje al arpista Suárez, para entonces lugar de pasajeros y choferes, pues no había terminal formal.
Recuerdo que muchas veces, llevando a Elena a su casa en invierno, nos "pegamos" por el barro formado en el camino de tierra que conducía a su morada.
Pese a todas las dificultades, sin señal de televisión, ni teléfonos, solo comunicados por correo, telégrafo, inolvidable el gentil Bernabé y la radio que por bondad del radioaficionado, señor Radioaficionado y su esposa Ina Aldao, permitían atender algunos llamados de emergencia. . Los Rangel y la radio, para entonces ocupaban los altos de la casa donde tiempos fundacionales vivió Trinidad Dominguez y su marido el isleño Eduardo Falcón, eso deduzco de mis conversaciones con don Ubaldo. Añoro al Calabozo de aquellos tiempos, sin hospital moderno, con tres o cuatro abastos medianos, sus bodegas, botiquines, la cordialidad y respeto de su gente, al bazar de José Ramón, 3 cines, más tarde 5, la tranquilidad, sus policías, la única patrulla que llamábamos "la catalina". El huesero y trastero "Taro macho", macoya, Juana vano, Simona, Serapio, Aparicio, el inolvidable aguador José Boconó, Perucho caimán., doe Trina mattei, Marchena y su camoruca, Pedro Zamuro, "el último hombre a caballo". don Enrique Coronado, "tira pecho", su caballo, la retreta, mi primera escuela, el grupo Escolar EE.UU de América, mis maestros. Pico el bedel, paisita el policía, mi Liceo Humboldt, don Mariano estévez, sus conciertos de cuatro en la bodega. Tiempos después, de la dictadura regresó a vivir al pueblo a la vieja casona de mis abuelos maternos en la carrera 13, ya había vivido en el pueblo en 1956, en casa y don Angela Villavicencio de Cobos, distinguida con el nombre dadae "Pampa mía", ubicada frente a la casa de mi maestra de primer grado con la que a diario iba y venía del grupo escolar, luego mi paso por el Centro Administrativo, ya viviendo en la carrera 13, inolvidable escuchar a "santo e palo", perifoneando desde la catedral el resultado de la rifa de animalitos premiados y han salido premiados para el día de hoy y mañana la paloma" - ante el alboroto de la muchachada de la plaza, corregía . "rectifico la tuca". Tiempos que no volverán, pero con fe, valor y decisión pronto, regresaremos a un país distinto, con valores, sin represión, autoritarismo, sin temores y con la abundancia y tranquilidad perdidas.
Autor. Luis Eduardo Viso González.
Calabozo, 23 de enero de 2021
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