La vaca Caramelol
LA
VACA CARAMELO.
Se dice y posiblemente sea verdad, que
Usted es de dónde nace, su piso natal aunque se ubique en los corrales más lejanos de la sabana. No
lo niego, porque sería una “auto destrucción” a mis ancestros, quienes
laborando esas tierras bajo sol infernal, pastoreando a diario sobre caballos o
mulas pudieron obtener un beneficio
económico para mantener a su familia verdadera y echarse unos tiritos
ocasionales fuera de casa; me lo explicó un tío que no expongo su nombre a la
vindicta pública y familiar: “Hijo un tiro para el gobierno y otro para la
revolución”.
Estudiando en Caracas, primaria, secundaria, pasar las vacaciones en mi
llano de Ortiz, El Sombrero, Calabozo, fue de mis mejores sentimientos que yo, aún no puedo explicar. El llano me
hace sentir libre, como caballo desbocao, su brisa mañanera soñadora, los enjambres de pájaros
revoleteando, era mi música preferida.
El aljibe para sacar agua fresca, bañarse bajo una mata de aceite con totuma;
comer arepas hechas en budare y leña, yemas de gallinas “pica tierra”. Al fin, no logro
explicar esta magia, estar una noche con cielo estrellado, esto es más bello
que cualquier ciudad.
En estos pueblos llaneros siempre te contarán grandes leyendas sobre
“fantasmas y aparecidos”.; todas narradas por individuos radicados en caseríos, yo
considero que eran una muestra de inteligencia mediana, contar leyendas, los
pobladores de estas aldeas confinadas en el fin del mundo era una manera de diversión.
Entre Calabozo y el Sombrero conocí una hermosa carretera, la comparaba
a las que veía en películas, dos trochas, lado y lado maleza corta, y en el
amanecer llegué a ver una bruma densa, baja. Parlando con amigo caraqueño le dije que en el llano hay neblina, la
carcajada todavía la siento. Mi Profesor de Geografía me aclaró, si, esa bruma
es por la humedad y no tiene otra explicación.
Antes de llegar a Calabozo, una distancia entre 30 a 40 kilómetros,
existía un caserío llamado “Palo Seco” , lugar denominado así por lo alto,: vamos
pá lo seco decían los aldeanos.
En Palo Seco había una pulpería, un cuchitril, iluminado con un pobre
bombillo para todo el negocio, su dueño, Don José María, eso era su modus
vivendi y tenía un aparato de Radio que yo le dije que no hablaba sino
murmuraba, él con esa paciencia provinciana me dijo: “pero me acompaña en este ruidoso silencioso”. Vendía refrescos que él
decía fríos o casi fríos gracias a su nevera de kerosene, además tenía casabe,
queso llanero duro, topocho verde, yuca y cualquier otra vitualla que escapa a
mi memoria ya muy trajinada.
El caserío tenía otros ranchitos cerca, esos que llamaban “casas en
piernas”, paredes de bahareque, que nunca tocaban el piso, una tela parecida a
un coleto y allí vivían humanos. Cuando estudié en medicina Patología Tropical, recordé ese rancho; mi
Profesor Félix Pífano, definió así al rancho: “el rancho es el mínimo esfuerzo de nuestro campesino para no vivir en
la intemperie”.
Entre rancho y rancho podrían contarse unos cien metros, los habitantes
se necesitaban “para sus necesidades”. Quienes eran los habitantes, un hombre, su mujer y uno o dos niños, éstos con
cara de tristeza, sucios, se veía en sus rostros la humildad de la pobreza,
miedo al mundo, sumisión, toda la familia estaban mal alimentados. El campesino
tenía un pequeño conuco con yuca, auyama, topocho y en invierno sembraba algo
de maíz que se cultivaba bien, un burro o mula y casi siempre una vaca.
En uno de esos ranchos vivía el compay Eusebio, hombre de 50 años, su
mujer Candelaria, ni casados por civil, como ellos llaman civiliaos ni con velo
y corona, amancebados, quizás esta es la forma más pura del amor., la niña era
hija de ambos, una jovencita que de por
vida seguiría en esta naturaleza,
inhóspita, inhumana, sin futuro de otra forma de vida. Un amigo me comentó.
“Julián allí hay tanta agonía, tristeza, infortunio que hasta un payaso muere
también de tristeza”.
Candelaria y Eusebio tenían una vaca, color blanco amarillo, vieja,
taciturna, era cuero y huesos, llamada
caramelo, comía lo que escarbaba en la sabana, pero daba leche, entre 3 a 4
litros, servía para darle a la niña y el resto se lo vendían al pulpero Don
José María. A los cien metros vivía Don Carlos
pescaba, palometas y cachamas las cuales
vendía en el pueblo. Regresaba de las ventas, chinchorro, cerveza y hasta el
día siguientes.. El ordeño de caramelo
eran con unas tonadas cantadas por su amo, para que la vaca y su becerro enrejado,(rejo), apoye,
que le permita bajar la leche, se sienta tranquila y destrezada al tener a su becerro amarrado en una pata delantera
con un rejo, la tonada. “ponte vaca caramelo, que hoy te vengo yo a ordeñar,
voy a jace arroz con leche pa´endulza a las muchachas que me vengan a visita”.
Un día, caramba, siempre hay un día, todos tenemos un día, y con acierto
catastrófico, lamentable, tétrico, Eusebio empieza con unas calenturas fuertes
que lo mantenían en el chinchorro, Don José María le mandó unas aspirinas, oyó
por su radio que eran Bayer y si es Bayer es
bueno.
Eusebio a la larga sucumbió, lo mató las calenturas, lo enterraron en
una fosa hecha cerca de su rancho, los vecinos con chícoras, picos y palas
hicieron la fosa y depositaron su cuerpo en ese lugar.
Candelaria, treintona, senos casi al aire, sin ser modelo aplacaba y
alegraba las noches a Eusebio; al mes del fallecimiento de su compañero,
Candelaria se levanta al amanecer a
ordeñar la vaca caramelo, la nota muy triste, inmóvil y muere en
minutos. Candelaria entra en pánico, busca auxilio donde el compadre Carlos, le
dice. Compadre la vaca caramelo amaneció
empestad, echada en la tierra y no se deja ordeñar, que hago compadre.
Don Carlos. Candelaria vamos a
ensálmala, y cómo se hace eso, fácil
Candelaria, acuéstese en el catre, suba
los fustanes y don Carlos con una ramita fresca, empieza el proceso: “Por la
orilla, por la orilla, para que se cure la vaca amarilla, por la orilla por la
orilla para que se cure la vaca amarilla, siempre tocando la vulva; Candelaria grita en chunguéelo,
ensarte la hebra por el medio aunque caramelo no tenga
remedio.
Julián
Viso Rodríguez.
Médico m/ Cirujano.
Villagarcía de Arosa, 17 de diciembre
2018.
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