Pa´trapiche viejo...¡caña biche!!

PA´  TRAPICHE VIEJO...¡CAÑA BICHE !

(Los hechos narrados se basan en un relato del Capitán Sevilla, perteneciente al Real Ejército español, quién lo vió y no lo creyó)

El 14 de octubre de 1804, Don Gonzalo José Hoyos y Mier, Primer Marqués de Torre Hoyos, casado con Doña María Ignacia  Hoyos y Trespalacios, entregó su alma al Sr. Había testado el 1° de octubre del mismo año en favor de sus dos hermosas hijas : Doña Francisca  Toribia, viuda de su primer matrimonio con Don Ignacio Hoyos Trespalacios, casada en segundas nupcias con Don  Francisco Manuel Dominguez de la Picazza y del Castillo, nieto del Primer Marqués de Surba - Bonza por título otorgado en temas de Boyacá; y la primogénita Doña María Josefa Isabel Juana Bartola, quien heredó el título de Marquesa de Torre Hoyos, todavía soltera por aquellas calendas. La segunda Marquesa de Torre Hoyos, había nacido el 18 de julio de 1779, en la solariega casona de  Albarrada de Mompox, que había visto tanta historia y conflictos familiares con sus primos los Mier y la Torre, Marqueses de Santa Coa.

Doña María Josefa Isabel de Hoyos y Hoyos,mujer altiva y voluntariosa, enterró con toda la pompa a su padre; hubo parada militar, misa  oficiada por 32 curas que recibían prebendas y favores del viejo Marqués, hasta el punto que la tumba se cavó en el presbiterio de la Iglesia de Santo Domingo, las más antigua de Mompox. 

El 4 de noviembre de 1805, interrumpió su duelo y se casó en primeras nupcias con Don Mateo de Epalza y Santacruz, Mariscal de Campo de los Reales ejércitos y Regidor del Cabildo de Mompox. De este matrimonio vendrán 5 hijas : María,  Micaela, Ana Joaquina,Tomasa y Dominga;  y un hijo. Manuel de Epalda Hoyos, figura medio patética , un "buena vida flojon"  que no sobrevivió" a su madre. 

La Marquesa era la que llevaba los pantalones  y las riendas, no sólo en la casa, sino en el Cabildo de Mompox; a ella le tocó frentear el huracán de la  revolución del 5 de agosto de 1810 cuando se dio el grito de rebelión y su marido fue destituido fulminantemente por  falta de "cojones" y por inoperante. A los pocos días, cuando Don Mateo y su mujer, la Marquesa, vieron pasar expulsados de vuelta para España,al depuesto Virrey Don Antonio de Amar y Borbón y su señora Doña Francisca de Villanueva a  quienes  habían humillado "los hideputas de la plebe insurrecta y las putas de Santa Fe", el pasado 20 de julio, según le comentaron a la Marquesa, no dejándoles otra opción que montar sus  pies en polvorosa. 

Mientras tanto, sus primos, los Marqueses de Santa Coa, en cabeza de la cuarta Marquesa Doña María Josefa Trespalacios Serra, partieron para Barcelona en compañía de su madre para establecer su residencia definitiva allrerentarí, la Marquesa de Torre Hoyos decidió enfrentar a la llama de la revolución en el Nuevo Reino de Granada, tratando de colaborar con ayuda logística y vituallas para el Real Ejército.  

Seis años más tarde, el 24 de febrero de 1816, llegó a la  ciudad de Mompox, fundo de la Marquesa de Torre  Hoyos, situado en una bella isla que formaban los brazos del Río Grande de la Magdalena, el Pacificador Don Pablo Morillo y Morillo, primer Conde de Cartagena y Marqués de la Puerta, quién fijó su residencia por espacio de 20 días para recomponer su marcha  hacia Ocaña y Santa Fe. El   General Morillo, Jefe  de la expedición, encargado de sofocar a sangre y fuego la rebelión neogranadina fue alojado junto con la oficialidad, húsares y soldadesca en el Palacio de Badana, morada de la Marquesa, mujer de gran belleza como don de mando, llama la atención por su porte y garbo; tenía para esa época 37 años y había quedado viuda de Epalza, amén de una incalculable fortuna representada  por minas de oro, ganado, haciendas y esclavos diseminados por todo el territorio del Valle Upar. 

Todos los oficiales  salían a pasear por los alrededores de la inmensa y rica propiedad, encabezados por el General Morillo; disimuladamente perseguían con sus miradas  exploradoras las formas y contornos de la Marquesa, suspiraban ante los bellos ojos negros rasgados de aquella ricachona, que los podía "sacar de la olla". Ella con su "nadadito de perro", sabía cómo  provocarlos y se mostraba  altiva e inabordable. A Morillo lo trataba con cierta displicencia, guardaba la  distancia que dispensa una Reina a uno de sus súbditos.

Un buen día, la Marquesa se paseaba con la negra Rosalía y su séquito, cuando lo vió : ¡Mierda! ¿Quién mandó todo eso? , el joven Cadete, acababa de salir del río de "pegarse" un chapuzón. Era un joven tímido, muy altivo. La Marquesa echaba sus miradillas disimuladas , que toda la oficialidad notó, menos el muchachón de 17 años, quien de paso, tal vez era el único que no se la había pasado por la mente dirigirle una mirada y menos prestarse para una galantería.  

Después  de 19 días en sus propiedades el General Morillo dio la orden  de partir. Efectivamente el 17 de marzo de aquél año de Dios de 1816, se reunieron con la viuda millonaria, agradeciéndole las atenciones y le manifestó de una manera efusiva su gratitud por la generosa hospitalidad del que había sido objeto el Real Ejército español en cabeza de su  comandante en Jefe.

- No se preocupe General, eso no vale  nada - le contestó ella - pero ya que Usted se muestra tan galante, voy a aceptar sus buenos oficios, pidiéndole a Usted un "favorcito".

- ¡Cómo mande Usted!, adorable Marquesa, ¿ acaso por ventura seré yo tan afortunado de servir en algo a mi bella dama? 

- Sí, Señor, y una modesta suplica  le va a aparecer a Usted, algo extraña. Para no sufrir un desaire, que me sería bochornoso y sensible, después de formulada mi petición, necesito de Usted me prometa acceder a ella de antemano.

- Mande Usted, mi noble señora. está concedido, tiene mi palabra.

- Pues Usted licencia absoluta al cadete  Juan Antonio Imbrechts y Archimbault.  (Morillo quedó "boquiabierto" ).

- Pues que Marquesa - le preguntó - después de una larga pausa - ¿ lo necesita Usted para Mayordomo - o a caso para "palafrenero" ?.

- Lo necesito para marido - dijo con el mayor desparpajo, la bella mujer.

- Señora Marquesa - intervino el Comandante de Húsares Don Manuel de Villavicencio que también estaba presente - le suplico no se burle del pobre mozo, es mi amigo, mi ahijado, me lo recomendó su padre desde Cádiz.

- No me burlo, caballero, y la prueba es que lo invito a Usted  sea nuestro padrino de casamiento esta misma noche.

- ¡Pues no parecía tan "menso  aquél caribonito", que con tal sigilo hizo tan envidiable conquista! - exclamó Morillo, medio vuelto de su asombro.

- Está usted equivocado General - rectificó la dama - ni me ha escrito, ni me ha dicho una sola palabra. Pero hace unos días que a mí me ha entrado un capricho de acabar con esta viudez, de casarme con él y todo lo he preparado en secreto, para despedir a Usted y a su ejército con la agradable sorpresa de  una boda y un buen sarao.

- ¿ Y si él no está de acuerdo ? - preguntó Villavicencio -.

- No se me había ocurrido todavía que ningún hombre  pudiera hacerme la injuria de rechazar  una no que a muchos, en mejor posición que ese, he negado, pero llámelo Usted y saldremos de dudas.

- Villavicencio salió, y a los cinco minutos volvía con el Cadete. Éste, que  sin duda había sido informado de todo asunto por su padrino y  protector, estaba "coloradito" como una fresca rosa, con algo de temblor en las piernas, agitado como una gelatina.

-Joven, - le dijo la  Marquesa - lo he elegido a Usted para : esposo mío. El General Morillo está presto para darle  a Usted la licencia absoluta y su  protector Villavicencio a servirnos de padrino esta misma noche. ¿ qué tal el negocio que estoy proponiendo ? - Esto es para que digas SI o NO : no me gusta gastar tiempo en amores. Esa etapa ya la quemé, para mí ya pasó...así es que vamos a lo que vamos. ¡muchacho al rincón !.

- Señora - apenas si puedo hablar, contestó Imbrechts - ¡ dígame estoy soñando...- tanta felicidad para este pobre cristiano, me parece imposible. 

-  General, estamos arreglados. Extienda Usted la licencia e invite Usted  a toda la tropa para la celebración de nuestra boda, ¡ que nadie falte !; habrá comida, tragos y buena juerga, sin ningún reparo.

- Aquella misma noche, tal como se había arreglado previamente, tuvieron lugar las nupcias. La Marquesa se dejó "venir con todo", botando la casa por la ventana. Hasta se le iba yendo la mano porque al Comandante Villavicencio, le obsequió 200 caballos que pastaban en sus haciendas del Valle de Upar, para la remonta de sus Húsares. 

- El 18 de marzo por la mañana, Imbrechts y su Marquesa de  Torre Hoyos, observaban con una sonrisa de los ventanales del palacio, la partida de Morillo y su ejército de reconquista (...).

- Seis meses después de la boda, un buen día, al caer el Sol que se reflejaba en el Río grande de la Magdalena frente a Badona, interrumpió en los aposentos de la Marquesa, Francisca Toribio, su hermana menor - Pepita, dejando satisfacer su curiosidad; le llevas veinte años a mi "cuñado", ¿ Por qué lo has elegido ?.

- Por tres razones fundamentales . la primera, es que he venido notando como se me vienen cayendo las tetas; la segunda, la falta de fuerza en mis carnes y la tercera y definitiva :
 PA´TRAPICHE VIEJO... ¡ CAÑA BICHE !.

Autor.
José Asunción Suárez  Niño.
X Congreso Iberoamericano de Genealogía y  Heráldica.

Recopilación.
Julián Viso Rodriguez.
Médico / Cirujano.
E/mail: julivisorodriguez@gmail com
29 de noviembre 2018.
Villagarcía de Arosa.






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